Hugo Martoccia – MESA CHICA
Un grupo cada vez más amplio de priistas quiere separar el destino del partido de las decisiones que tome Jorge Emilio González Martínez, el Niño Verde. Son varias las razones pero hay una que abarca a las demás: el tricolor no quiere ser fagocitado por el Verde. Hay quien también esgrime un orgullo local a la hora de explicar el creciente rechazo. Dicen: ¿Porqué nuestros asuntos políticos los va a decidir alguien que viene de afuera?
En el ámbito nacional, el PRI no puede prescindir del Partido Verde. No hay condiciones para rupturas. Además, quienes conocen los entretelones del poder dicen que Jorge Emilio tiene trato de gobernador en Los Pinos. Es lógico; comanda decenas de legisladores federales, locales, alcaldes, y todo ello con mano de hierro.
Hasta su estilo de negociación es fuerte. Es un clásico de los tiempos electorales ver a un Jorge Emilio muy activo, que presiona y negocia con habilidad, y que el día del cierre de listas se desaparece por completo. Allí, en esos minutos finales, esa ausencia amenazante le hace ganar algún espacio más.
Nada de eso molestaba tanto a los priistas de Quintana Roo hasta el último proceso electoral, cuando Roberto Borge decidió entregar al Verde más posiciones de las que merecía. Los hechos están ahí. El PRI no gobierna ningún municipio grande; nunca en la historia del estado estuvo tan lejos del poder.
Esos acuerdos fueron una negociación entre Borge y Jorge Emilio González, con las ganancias muy cargadas de un solo lado. Por lo que se ve, la relación persiste hasta hoy, más allá de que los momentos políticos son otros. Los borgistas, los pocos que resisten, están cobijados por el Verde.
Una versión política muy extendida dice que Roberto Borge quiere ser senador plurinominal por el Verde en 2018. Esa posibilidad, hoy, parece una broma o una exaltación del cinismo. Pero la política mexicana ya le ha jugado bromas de esas a la sociedad.
Al priismo local esas negociaciones lo enojan, porque aún está pagando esas facturas. El Niño Verde quiere mantener Cancún, Puerto Morelos, y ya hace pie en Othon P. Blanco. Y quiere que la negociación de esos espacios ni siquiera pase por Quintana Roo. El PRI local se revela. «No vamos a tolerar eso», dicen al unísono priistas que forman parte de grupos casi irreconciliables al interior del partido. Los une el espanto de desaparecer.
La lista de razones en contra del Verde sigue, y necesariamente se detiene en el alcalde de Cancún, Remberto Estrada. Los priistas ven de reojo una administración que les es ajena en casi todo. Hasta hace algunas semanas, ni siquiera se quejaban: parecía un destino inalterable el crecimiento político del alcalde.
Pero a Remberto Estrada le explotaron varios asuntos espinosos, y su gobierno empezó a mostrar sus debilidades. La seguridad es un dolor de cabeza que comparte con casi todos los que tienen alguna función de gobierno en el estado. Pero a Remberto se le duplica; cada hecho de inseguridad o violencia viene acompañado de una queja: ¿A donde están las 100 patrullas rentadas? Esa operación onerosa e inexplicable lo perseguirá hasta el último día de su administración.
Hay otros déficit de gestión política que explican otras cosas. El alcalde no ha aprovechado el lado institucional de cualquier priista, no los ha sumado a su grupo. Esa orfandad priista, que parecía un castigo, empieza a tomar la forma de una organización. Está a punto de convertirse en un problema para Remberto.
La situación tiene que ver, dicen en el mismo Palacio Municipal, con que hay un grupo selecto y cerrado de funcionarios y colaboradores del presidente municipal, que no permite que nadie ingrese a ese círculo. Casi todos son políticos jóvenes, muchos de ellos con viejas mañas, y varios júniors. Sin duda, una combinación peligrosa.
Pero más allá de las quejas, el PRI no está cumpliendo su parte. El dirigente estatal del partido, Raymundo King, ha demorado casi hasta el error los cambios en algunos comités municipales. Ningún proyecto político-electoral será viable si el PRI no activa sus bases y vuelve a trabajar en las calles. Parece que se ha entendido esa verdad, y en los próximos días se cambiarían los comités municipales de Benito Juárez, Othon P. Blanco y Cozumel.
Esa será la hora en que el tricolor active sus bases, golpeadas y desorientadas, para ver si está en condiciones de pelearle el espacio a Jorge Emilio González Martínez, quien en sus fugaces visitas a Cancún, acomoda el inminente escenario electoral a su antojo y conveniencia.









