Hugo Martoccia – Mesa Chica
El alcalde Remberto Estrada parece disfrutar del peligro. La elección de Guillermo Brahms como nuevo secretario general del Ayuntamiento tiene todos los condimentos del riesgo político. Ese nombre generó muchas dudas en la oposición; y desencanto o resignación en el propio gobierno. Pero también significa, por cierto, que el presidente municipal ha decidido desterrar las alianzas de la cúpula del poder. Quiere un gobierno con todo su sello.
«No había mucho de donde elegir», dicen a su alrededor. En los momentos posteriores a la detención del ex secretario Mauricio Rodríguez Marrufo, las danza de nombres para reemplazarlo casi asusta a algunos aliados. Cuando el nombre del actual encargado de despacho de Seguridad Pública, Johnatan Yong, se puso sobre la mesa, varios pensaron que un inevitable descalabro político se venía encima. En ese contexto, el nombre de Brahms fue el regreso a una cierta dosis de cordura política.
La elección de Guillermo Brahms, entonces, fue lógica y quizá inevitable. El alcalde decidió por un Verde Ecologista experimentado en la función pública, y de su confianza. No hay más excusas: este es el Gobierno de Remberto Estrada, para bien o para mal.
Pero hay que detenerse también en el nombre del nuevo Secretario General, para entender que esa decisión conlleva riesgos muy grandes. Brahms era Contralor del gobierno, y fue el síndico del ex alcalde Paul Carrillo. ¿Cómo es que no vio, entonces, el monumental desfalco por el cual se acusa al ex director de Ingresos Hugo Bonilla? ¿Cómo pudo existir una contabilidad paralela, de facturas falsas, que no vio el entonces síndico y luego Contralor?
Hugo Bonilla no está en la cárcel solo porque consiguió a tiempo un amparo. Tiene una denuncia por un daño patrimonial de 48 millones de pesos contra el Ayuntamiento, y dos denuncias más en camino. ¿Que pasará cuando la mano de la justicia lo alcance?
Alguien que conoce a fondo las causas lo explica. «Tarde o temprano, Brahms va a tener que declarar en las denuncias contra Hugo Bonilla», dice.»Fue el síndico de un gobierno manejado enteramente por Borge, no está limpio», agrega.
En el Gobierno del estado el nombre de Brahms no generó nada, ni bueno ni malo. La batalla contra Remberto Estrada está encaminada, más allá de los nombres propios. Al gobernador Carlos Joaquín no le gusta el estilo de gobierno ni las alianzas políticas del alcalde. Cree, sin demasiadas vueltas, que es un mal gobernante. Y lo deja entrever cada vez que puede.
El alcalde debe entender el mensaje de la detención de Mauricio Rodríguez. Al ex funcionario borgista se lo exhibió públicamente, frente a su propio jefe y a toda la clase política y empresarial del estado. Y se le negó la fianza para que pase un buen tiempo en el cárcel. Ese es el nivel del enfrentamiento.
Ya se ha dicho hasta el cansancio: poner y mantener en la Secretaria General a Mauricio Rodríguez Marrufo, hoy preso en Chetumal, fue un error colosal del alcalde. Era un funcionario perseguido por la justicia y que jamás cumplió bien su tarea. Hay quien dice, en el entorno de Remberto, que era una cuota de poder que se acordó por encima de él, y que no podía desoír ese acuerdo.
Quizá sea cierto, pero ha pagado muy caro ese error. Su administración pasa hoy por un momento más que delicado. Hace un buen rato que se quedó sin operación política; su relación con el Gobierno Estatal es nula, y las encuestas dicen que su futuro electoral depende pura y exclusivamente de los votos atados a la exitosa estrategia de las despensas verdes.
Y hay un dato que no puede soslayarse. Haber mantenido en el cargo a Mauricio Rodríguez, a pesar de las investigaciones en su contra, y de lo que políticamente significaba, fue una afrenta personal de Remberto Estrada contra Carlos Joaquín. La corta historia de Quintana Roo está plagada de anécdotas de enfrentamientos similares a estos. Ninguno tuvo final feliz.









