Hugo Martoccia – Mesa Chica
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MORENA da por ganada la elección de Othón P. Blanco; no cree que la Sala Superior del TEPJF cambie demasiado lo que ya confirmaron los tribunales inferiores. Sin embargo, la realidad es que no hay tranquilidad alguna alrededor de esa certeza. Se ha ganado, pero la situación del municipio es incierta. La único que la elección dejó en claro es que hay un descontento mayúsculo contra la alcaldesa Yensunni Martínez y hay que debatir su futuro. Esa discusión ya ha ganado un lugar principal en la agenda de la cúpula máxima de la 4T.
El caso se discute en Quintana Roo, pero también tendrá espacio en alguna discusión nacional. No hay demasiadas opciones. Como dice el título de esta columna, la alcaldesa Yensunni Martínez cambia sus formas y su actitud, o renuncia al cargo y deja que otros tomen el control de la situación.
La otra opción es que la relación entre MORENA y los othonenses se deteriore a punto tal que el partido guinda se olvide por muchos años de volver a ganar una elección allí. Y eso es lo que se quiere evitar desde la cúpula morenista.
Hasta ahora, el triunfo del 2 de junio ayuda menos de lo que estorba. El problema es que una victoria ajustada como la que hubo (y si es que realmente la hubo) debería generar un profundo nivel de reflexión. Pero nada de eso ha pasado con la alcaldesa.
Hay más bien una suerte de euforia revanchista en ella. Yensunni en vez de frenar la marcha que llevaba, aprieta más el acelerador. No importa si eso conduce a la liberación o a un paredón. Los que la conocen dicen que está recluida en una realidad propia, moldeada por la convicción de que ganó y que eso reivindica su gestión, y por nuevos caprichos de poder y control con su entorno, que se siente cada día menos contenido alrededor de su liderazgo.
Un ejemplo es su cruzada contra directores de área y coordinadores del municipio a los que está echando de sus cargos uno por uno en estos días. En su entorno dicen que hay una explicación política más o menos lógica: no es gente que ella puso allí, y son espacios sobre los cuales quiere tener control, justamente para mejorar la gestión. Pero por otro lado la acusan de que suma más descontento, en un momento en que necesita de otra actitud.
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CAMBIAR
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Mara Lezama hizo de la recuperación de Chetumal una bandera de su gestión. Las inversiones fluyen, y hay la certeza de que una vez consolidadas, habrá un impacto muy positivo en la economía de la capital. El problema es que quizá cuando eso suceda ya sea demasiado tarde para recuperar el nombre de MORENA para la elección municipal de 2027.
La realidad que dejó el 2 de junio es inobjetable. Los dos diputados locales de los distritos del sur obtuvieron 71 mil votos, contra sólo 42 mil de Yensunni y otros 10 mil que aportó “Chepe” Contreras en Bacalar. Pero esa diferencia es totalmente atribuible a Yensunni. Hay 19 mil othonenses que votaron a todos los candidatos de MORENA menos a ella.
La propuesta de que la alcaldesa debe hacer un cambio radical de su gestión empieza por ahí, por los números. Hay un 20% de votos morenistas que no la quieren. Algo debe estar muy mal para que eso suceda. Entonces, la opción de cambiar debería incluir, primero, un análisis sincero de la situación de su administración. Y luego, con ese cuadro de situación (que no puede menos que ser caótico) aceptar casi una “intervención” del Estado. No hay otro camino. Hasta hoy Mara le ha pedido un sólo espacio, pero deberá haber mucho más colaboración.
Sin embargo, hay varios escépticos sobre esta solución. Primero, porque no creen que la alcaldesa lo permita. Ya se dijo: no hay hasta ahora ninguna señal de reflexión de su parte. Y el Segundo punto es aún mucho peor: una mitad de OPB ya no sólo cree que Yensunni es una mala alcaldesa; ahora también están seguros que no ganó la elección y se impuso con mañas de otras épocas.
Esa última certeza (que para ser oída no requiere de investigación; sólo hay que preguntar) es una frontera infranqueable contra cualquier forma de reconciliación social con la alcaldesa. Las figuras de AMLO, Claudia Sheinbaum y Mara siguen generando respaldo y aceptación en la gente. Pero cada vez que reaparece Yensunni, se renueva el encono de esa mitad de la sociedad contra ella, y, por extensión, contra su partido.
Además, en Othón P. Blanco existe un problema adicional para la 4T, y es que allí hay una oposición real. Lidia Rojas ha logrado consolidarse como una figura política en el sur. Durante la actual administración, esquivó el acuerdo fácil con Yensunni, y le arrebató a MORENA nada más y nada menos que la capital del estado.
Lidia tiene una esperanza puesta en el TEPJF, pero si no logra confirmar su triunfo en esa instancia, seguirá con la misma estrategia que la llevó hasta donde está: caminar las calles y denunciar todo lo que el Gobierno municipal no hace. Tiene material de sobra para crecer.
La regidora tiene el apoyo de toda la estructura nacional del partido, y busca ser coordinadora estatal de MC el año que viene. Si eso sucede, su exposición va a crecer de manera considerable y Yensunni va a tener un problema político mayor al que ya tiene actualmente. Una tormenta perfecta.
Un párrafo especial merece la jugada de Yensunni de sumar a su equipo al candidato panista Germán González. La alcaldesa quizá hizo lo que tenía que hacer, lo que mandan los viejos libros de la política; nada le resta esa figura. Pero lo cierto es que tampoco es mucho lo que le suma.
El PAN Quintana Roo pasa por la crisis política más profunda de los últimos 30 años. El partido es una caricatura de lo que fue. Su estructura institucional está absorbida por el marismo, pero los pocos votos que conserva son anti 4T. Esa paradoja no ayuda a Yensunni. O sea, Germán González le suma sólo su nombre y su voto en el Cabildo. Pero nada de eso es ni remotamente suficiente para el tamaño de la crisis que enfrenta la morenista.
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RENUNCIAR
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