Hugo Martoccia – Mesa Chica
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La 4T Quintana Roo pasó de la euforia a la preocupación en unos pocos días. Justo cuando parecía que podía tocar el cielo con las manos, luego de un 2 de junio apoteósico, una tormenta, literal y metafórica, le cayó encima. De repente, Chetumal y el sur del estado dejaron de ser sólo un problema electoral y se convirtieron en un problema de gobierno.
Podría decirse que por primera vez en sus dos años de gestión como gobernadora, Mara Lezama enfrentó un ejercicio realmente crítico hacia su gestión. Y no surgió de los partidos opositores, que, como se dijo aquí la semana pasada, están en estado vegetativo buscando un espacio político rentable y nada más. Sino de una sociedad que sintió todo el peso de una inundación trágica, y descargó su furia contra las autoridades.
La gente de Chetumal superó la apatía de los partidos y de sus dirigentes caducos. Hizo oposición desde las calles y las redes sociales; con presión, demandas y con la espontánea pero efectiva organización que otorga un enojo común. Y eso es suficiente para poner nervioso a cualquier Gobierno.
Por eso, el nerviosismo en la 4T no fue gratuito. Chetumal tiene una vasta experiencia en vaciar liderazgos. Chetumal fue el lugar que sacó a los sucesores de Roberto Borge y el PRI del poder en 2016, y también fue el lugar que en 2018 le cobró a Carlos Joaquín su indolencia, y dejó su gobierno reducido a una mera formalidad.
Mara no quiere pasar por nada que se parezca a eso.
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EL CAOS MUNICIPAL
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En estas mismas páginas de La Opinión se dijo que el magro triunfo electoral de Yensunni Martínez el 2 de junio era una victoria pírrica para MORENA. Son más los costos que los beneficios de ese triunfo. Se trata de una victoria apalancada en la maquinaria electoral de la 4T y no en el sentir ciudadano.
El planteamiento básico de esa idea es que con la mitad (al menos) del municipio en su contra, tres años es mucho tiempo para la tolerancia social. Y fue peor; no pasaron ni siquiera tres semanas y la tolerancia para con la alcaldesa ha llegado al límite.
No se trata, además, sólo de la tolerancia de los ciudadanos, sino de la propia Mara. La relación entre la gobernadora y la alcaldesa pasa por su peor momento. La tensión entre ellas en los escasos recorridos que compartieron por el municipio el pasado miércoles fue total. De hecho, sólo se terminó la tensión cuando Yensunni dejó de asistir a esos recorridos.
No hay que ser muy perspicaz para analizar cómo está esa relación: desde el miércoles pasado, en la redes sociales de Mara no hay una sola foto con Yensunni, aun cuando la mayoría de éstas son en Chetumal. Para alguien como Mara, que ha hecho de sus redes sociales su principal forma de comunicación gubernamental, esa ausencia lo dice todo. No quiere tener cerca a la alcaldesa.
Otro ejemplo. Los 500 milímetros de agua que cayeron no son culpa de nadie; pero las 4 mil toneladas de basura que se levantaron de las calles de Chetumal estos días generaron gran parte del caos que se vivió, y son parcialmente responsabilidad de Yensunni. El relato oficial no culpará nunca a la alcaldesa, pero Mara ya se lo dijo en privado.
En el equipo de la gobernadora dicen que alertaron a la gente de Yensunni sobre el temporal que venía, y no hubo reacción.
La pregunta es ¿cómo solucionar este problema político? Porque las aguas bajarán, pero Yensunni seguirá allí, y ese es un asunto grave para el futuro de MORENA
No hizo falta que la oposición hiciera mucho esta vez para casi ganar la elección. Tres años más de Yensunni a este ritmo, y MORENA va a perder Othón P. Blanco. Por lo menos. La oposición social ya está instalada, aunque los partidos políticos estén jugando a otro juego, incluido MORENA.
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LA PRESENCIA DE MARA
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La gobernadora también fue objeto de reclamos esta semana, algo inédito para su administración estatal. Podría decirse que desde la crisis de la basura en Cancún, o la marcha feminista del 9N, allá por fines de 2020, no había vivido una situación similar.
Muchos de los reclamos de esta semana tuvieron que ver con unos días de ausencia personal (no de gestión o de trabajo). Y eso refiere a dos aspectos fundamentales que nacen del propio estilo de ejercicio del poder de Mara, y que aquí se han señalado algunas veces: por un lado, un gobierno que sólo gira alrededor de ella y en el cual nadie más brilla, y, por el otro, la decisión comunicacional de ser una gobernadora híper activa y omnipresente. Vemos a Mara todo el tiempo, en todos lados, y en eventos de todo tipo.
Ambas son decisiones políticas y estratégicas de Mara (aunque la primera no es su responsabilidad; no totalmente, al menos) y, como toda decisión, siempre conlleva algún costo. El costo aquí es que cualquier ausencia menor se traduce casi en un vacío absoluto.
La forma que tuvo Mara para resolver la mini crisis fue volver a sus fuentes. O sea, volvió la Mara híper activa y omnipresente. Desde el miércoles no ha parado un minuto, recorrió cada colonia y poblado inundado, y puso en marcha un programa de 37 millones de pesos para ayudar a las damnificados. Y todo ello difundido con una metralla de información oficial y paraoficial en todas sus formas.
Mara sabe que en la calle y ante la gente es imbatible, y utilizó ese recurso para conjurar el mal rato. Pero mantener esa dinámica implica tres años más a un ritmo frenético, incansable, casi inhumano, y con un problema insoluble que es esa sensación de que si Mara no hace las cosas, no las hace nadie más.
¿Algo de esto no hará reconsiderar a Mara la idea de irse a Sectur con Claudia Sheinbaum?.
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SEMILLAS OPOSITORAS
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