Con Mara en la cúspide ¿por qué hay tanta inconformidad interna? | Los riesgos externos

Con Mara en la cúspide ¿por qué hay tanta inconformidad interna? | Los riesgos externos
Hugo Martoccia – Mesa Chica 

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Hay un consenso en la política quintanarroense sobre que Mara Lezama ha alcanzado niveles de control y poder altísimos y quizá inesperados. La gobernadora, casi como un espejo de la 4T nacional, controla todo lo que se puede controlar en una democracia. 
Pero aun en ese escenario casi ideal, ya es un lugar común oír entre funcionarios, legisladores, regidores o referentes de la 4T de todo tipo, que están en el entorno amplio de Mara, desacuerdos y críticas hacia la gestión política o de gobierno de la gobernadora. No es una queja de adversarios (que sería lógica pero casi no existe) sino que es una queja de aliados diversos que tienen en común el hecho de que no son parte del primer círculo del marismo. 
Hay críticas variadas que incluyen la política interior, los cargos, el estilo de la comunicación gubernamental, el manejo de situaciones de crisis, la influencia del Partido Verde o la creación de una muy pequeña nomenklatura que se ha adueñado de todas las decisiones, entre otras. La mayoría de esas críticas, sin embargo, excluyen directamente a Mara. 
Se repite; son quejas que dicen en voz baja legisladores que votan todo lo que Mara manda; regidores que obedecen a sus alcaldes y alcaldesas, y actores políticos que han trabajado y continúan trabajando para MORENA y la 4T. ¿Qué está pasando entonces? ¿Por qué están inconformes algunos de las propias filas?. 
En el primer entorno del marismo dicen, primero, que esas quejas no son reales. Y luego, que las pocas que hay son de gente que no ha conseguido cargos o ha perdido llegada o influencia con la gobernadora. “Apenas les dan algo, cambian de opinión”, aseguran. 
Para esa versión dual también hay respuestas. El inner circle del marismo puede negar la existencia de esas críticas con algo razón, simplemente porque no las oye ni las oirá. Casi nadie va a ir a decirle a Mara o a su gente lo que no le gusta. No están dadas las condiciones para eso. 
Con respecto al tema de los cargos, tienen razón: los que se quejan dicen que el hecho de que los cargos públicos y políticos se repartan sólo entre el mismo grupo de siempre, es parte fundamental de la inconformidad. O sea, sí están enojados porque no les dan cargos, y siempre se los dan a los mismos. 
¿Quién más podría quejarse de eso?. Quienes han usufructuado el marismo (la mayoría con nulos o escasos méritos políticos) nunca van a quejarse. Sería una ingratitud total. 
El trasfondo de las quejas parece tener un hilo conductor claro: hasta ahora, se apoyó en todo a Mara y el triunfo de Claudia, pero una vez que pasen las reformas constitucionales habrá que rehacer acuerdos desde la cúpula a la base, dicen. 
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MARA CONDUCCIÓN  
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Ahora ¿esas inconformidades hacen mella en la gestión de la gobernadora? No hasta ahora. De acuerdo a diversas mediciones, Mara goza de un alto respaldo popular, lo cual es bastante lógico: tiene carisma, está cerca de la gente, y la sostiene una sólida base de adhesiones entre los programas sociales de AMLO y los propios de su administración. 
El Gobierno no le ha generado hasta hoy problemas distintos a los ya conocidos (excepto la seguridad, pero tampoco se le ha salido de control); no tiene oposición; tiene su sucesión ya en marcha con Eugenio Segura como candidato único, e incluso no ha tenido que pagar los platos rotos (hasta ahora, al menos) por los problemas de administraciones municipales como la de Othón P. Banco, cada día más complicados. 
Más allá de eso, su control institucional es absoluto. Maneja cada uno de los Tribunales, Organismos Autónomos y de control interno del Estado, y en el Congreso sus iniciativas ni siquiera admiten debate, y nadie pretende darlo. 
Quizá lo único que no parece del todo en control son unos pequeños infiernillos encendidos en muchos espacios del Estado, por la superposición de intereses. Mara manda a solucionarlos, pero a quienes delega la tarea muchas veces imponen sus propios criterios e intereses. Ya es común escuchar que tal o cual funcionario es de algún referente del marismo que no es Mara. Un dato que debería llamar la atención en el vértice del poder. 
Pero aún con esa leve debilidad, el análisis interno del marismo duro es que nada los puede golpear. Consideran que la realidad política del estado y el país dice que MORENA es invencible, no sólo por el apoyo popular que tiene, sino porque ha creado una maquinaria electoral como la de los mejores tiempos del PRI.
Cuando alguien duda, muestran cómo aplastaron a todos los opositores el pasado 2 de junio en el estado. Y dicen que de aquí al 2027 la oposición no tendrá tiempo para reponerse, en el supuesto caso de que alguien quisiera hacerlo, lo cual es muy dudoso.
¿CRISIS INMINENTE? 
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Ese escenario rosa y feliz tiene sin embargo algunos nubarrones no menores. La presidenta Claudia Sheinbaum podría ver nacer el próximo martes su primera crisis en el poder. Una de dos condiciones deben darse, o las dos: que Donald Trump gane la presidencia de Estados Unidos y/o la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) tire gran parte de la reforma al Poder Judicial.
Diversos bancos nacionales y extranjeros ven al dólar entre 21 y 23 pesos en las próximas semanas ante esos escenarios, lo que abriría una larga temporada de intranquilidad financiera. A mediano plazo, una presidencia de Trump podría significar un impacto importante en la industria mexicana, uno de los principales motores de la economía. Y eso sólo para empezar.
La potencial guerra contra la SCJN puede ser igual o peor. Claudia ya dijo que no van a acatar la sentencia de la Corte si pretende dejar sin efecto la elección de magistrados y jueces, porque eso es un mandato constitucional. Pero si la Corte se anima a hacerlo, el destino es una crisis institucional como no se ha visto en muchas décadas.  
Si la Corte tira la reforma y no se acata, deberá seguir su camino; o sea, empezar a hablar de desacato, destitución y cárcel. Aunque no tenga cómo implementar esas decisiones, el choque de poderes estará sembrado. Inseguridad jurídica e inestabilidad financiera; otra vez, sólo para empezar. Y después, cientos de jueces y magistrados en el país podrían tomar caminos similares con los temas más diversos de la administración pública (recordar los dolores de cabeza por los amparos de jueces contra el Tren Maya) obligando al Gobierno a desacatar todo e ingresar en una suerte de anarquía jurídica, o hacer juicios políticos contra todos y pararse del lado del autoritarismo.  
En MORENA, por supuesto, minimizan la situación y dicen que nada va a pasar, y que los ministros probablemente ni siquiera se animen a votar en contra de la reforma el martes. Ojalá así sea. Pero hasta ahora no se ve algo así; de hecho, sólo hay que leer el Proyecto de Sentencia de la Corte para darse cuenta que no hay ningún intento de cordura de ese lado. 
Si esa crisis estalla y toca la economía y la institucionalidad, puede ser un impacto directo a la 4T en un sector del electorado que valora la estabilidad. El núcleo duro del lopezobradorismo seguiría firme, pero si se pierde la clase media, el proyecto ya no sería ni remotamente lo fuerte que es hoy.
Eso podría impactar en los estados con fuerza desigual. Mara y Quintana Roo no estarían de ninguna manera exentos de ello. Y tampoco de los conflictos jurídicos. Ayer La Opinión se preguntaba (ver abajo) ¿Mara se atrevería a desacatar a la Corte si dice que no se deben hacer elecciones de magistrados y jueces en los estados?. ¿O debería “desacatar” la instrucción de AMLO y Claudia?.  
Nadie imagina a Mara enfrentándose a la 4T por este tema. Pero daría su apoyo con un alto grado de incomodad e incluso de inconformidad. En ese sentido, la gobernadora está en la escuela política de los acuerdos y los buenos modales. 
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INSEGURIDAD, LA ÚNICA OPOSICIÓN DE LA 4T HACIA 2027
El otro escenario complejo es también un espejo de lo nacional, y es la inseguridad. 
La estrategia de “abrazos y no balazos” no dio resultado en el país, pero en Quintana Roo tampoco empeoró las cosas. Pero la estrategia de Sheinbaum en su primer mes, con el Ejército en las calles enfrentándose con las bandas criminales, dejando decenas de muertos, no parece ser lo mejor para un destino turístico.   
A este estado le caería mejor un trabajo de mayor inteligencia y coordinación, justamente el que se dejará en manos de Omar García Harfuch (por fin le darán “dientes” para hacer algo más que reuniones) según la iniciativa de reforma constitucional que la Presidenta envió al Congreso el viernes. 
Pero más allá de lo federal, algo más deberá hacerse en lo local. Nadie duda de que hay un esfuerzo económico muy significativo para rescatar Seguridad Pública y la Fiscalía, luego del desastre que dejó Carlos Joaquín. Pero también es evidente que los esfuerzos no han sido suficientes. Hay lugares, como en parte del norte del estado, que parecen estar en una suerte de meseta, pero otros, como Cozumel, la zona maya o el sur, van en el camino ascendente en sus índices de inseguridad. 
¿Puede la inseguridad erosionar el apoyo a MORENA en Quintana Roo en tres años? Es posible. Nunca se sabe en donde está el límite más allá del cual la sociedad dice basta. 
¿Habrá algún opositor disponible para capitalizar ese potencial descontento? Eso, hoy, parece mucho más difícil. 

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SCJN quiere frenar reforma Judicial en los Estados; Mara ¿desacata a AMLO y Claudia o a la Corte? (documento)