Hugo Martoccia – Mesa Chica
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Las últimas horas en la la política estatal han sido, quizá, una muestra clara de lo que viene para el Estado en esta segunda etapa del marismo. Por un lado, como se vio en el Segundo Informe, un gobierno de marcado corte social, que ha puesto en esa área la mayor parte de su esfuerzo y que concentra allí sus mayores logros. Y, por otro lado, la certeza de que el ejercicio del poder no tendrá demasiadas contemplaciones: se hará lo que se dicte desde Palacio de Gobierno sin más trámite que el necesario para que las cosas sucedan. Todas las etapas intermedias, que el priísmo supo cultivar como parte de “las normas de etiqueta de la democracia de la simulación”, son ahora innecesarias.
Las reformas constitucionales locales y federales que se aprobaron sin debate ni diálogo en el Congreso en los últimos días son una muestra de ese ejercicio del poder. Pero también hay que decir las cosas como son: se puede hablar de falta de diálogo o aplanadora, pero no de abuso de poder. MORENA y la 4T tienen los diputados que el sistema democrático les dio el pasado 2 de junio. Si la oposición apenas tiene una representatividad mínima en ese espacio institucional, es por deficiencias propias. El ganador impone sus criterios; punto. Es la democracia.
Aún así, el tema no deja de generar controversia. Hay interrogantes básicos. Por ejemplo, si todas las votaciones en el Congreso ya están ganadas de antemano, ¿por qué no intentar ganar también el debate público y mediático? ¿Por qué no imponer los fundamentos por la vía del convencimiento?.
Aquí se ha dicho, darle autonomía constitucional a la Fiscalía Anticorrupción es un debate que se puede ganar con facilidad. Y aún la idea de estirar los periodos en el cargo del Fiscal General y el propio Fiscal Anticorrupción a 12 años es defendible. Mucho más cuando se goza de los favores del aparato mediático.
Pero se prefirió el camino del silencio e incluso de la opacidad para aprobar esas reformas.
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EL DEBATE INNECESARIO
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En este punto aparece una respuesta que seguramente es la que va a marcar los años que vienen, y a lo que se hace alusión al inicio de esta columna. El tema de fondo es que el marismo llegó al lugar a donde quería llegar. Por eso la situación no va a cambiar, y así será en lo que resta del sexenio.
Al marismo nunca le gustó, casi se diría que por construcción fundacional, el debate frontal. Se siente más cómodo en los consensos de escritorio e incluso en la secrecía. Y, debe decirse, no es algo totalmente criticable. Los políticos ejercen su poder hasta donde su entorno se los permite. Desde ese lugar nadie debate por convicción si puede ganar sin debatir.
Ahí está parado hoy el marismo, en este momento histórico en el cual la gobernadora Mara Lezama ha concentrado un poder pocas veces visto en la historia del estado, y no tiene oposición a la vista. Ha logrado lo que quería, y por eso los debates son innecesarios.
También hay que ser realistas, ¿quién va a dar ese debate? ¿Jorge Sanen? Evidentemente no. Y el nombre que se pone a consideración no es gratuito. Sanen actúa como una suerte de embajador plenipotenciario de Mara Lezama; es su voz en el Congreso, en MORENA y en gran parte del aparato marista, y además se propone como su candidato en Cancún para el 2027.
Lo natural sería que él mismo se encargue de los “pormenores” de tener que explicarle a los ciudadanos porqué eran necesarios esos cambios constitucionales. Pero evidentemente no es algo que esté entre sus atributos ni sus prioridades. Esa credencial de embajador plenipotenciario es la que le da poder, no sus dotes de líder. Ejerce un poder delegado por Mara, pero no amplifica su voz, sus ideas, ni mucho menos aporta mejoras al proyecto. Nadie ha podido cumplir hasta hoy ese papel en el marismo.
El resultado es lo que se ve: los diputados, hasta minutos antes de una votación, están esperando una señal desde Palacio de Gobierno para que saber cómo o a quién votar. Esos mismos diputados preguntaban en las últimas horas qué habían aprobado ellos mismos en Anticorrupción o los Órganos Internos de Control. Varios no habían leído las iniciativas ni sabían cómo funcionaban esos organismos.
En ese escenario, José Luis Pech y Reyna Tamayo, apenas con un par de frases más o menos bien articuladas y de contenido político, dejaron al morenismo descolocado y en silencio en el Congreso. Y esa sí es una señal preocupante. Eso dejó en evidencia que MORENA, entre diputados y diputadas LGBT “fake”, discapacitadas que no lo son y “joyas políticas” como Sanen o Tepy Gutiérrez, nunca va a ganar un debate en el Congreso ni ante la sociedad. Esa batalla está perdida.
Entonces, el resultado es claro: lo mejor es mantener aceitada la maquinaria electoral para ganar las elecciones, sin detenerse en la idoneidad de los candidatos que se presenten. Al fin y al cabo, es lo mismo un nombre que otro para ir a levantar la mano. Mientras el mito AMLO otorgue los votos, la elección se ganará, y se podrá aprobar sin contratiempos lo que haya que aprobar.
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NUBARRONES
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