Hugo Martoccia – Mesa Chica
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“Es algo menor”, dijo Claudia Sheinbaum cuando se le consultó este sábado sobre el durísimo conflicto público entre Adán Augusto López y Ricardo Monreal. Quizá sea la declaración más desafortunada de la presidenta en su corto reinado. Las dos dimensiones que tiene ese pleito, política e institucional, pueden calificarse de muchas formas, pero nunca como algo menor.
Adán Augusto y Monreal son los líderes nada más y nada menos que del Senado y la Cámara de Diputados, respectivamente, en donde ejercen un control férreo, a tal punto que ambos han cruzado varias veces el límite del decoro político (y hay quien dice que hasta de la legalidad) para mantenerlo. Son dos puntales institucionales de la 4T, y un pleito desbocado entre ellos puede hacer crujir toda la estructura política del proyecto.
Otro actor fundamental en esos ámbitos, el presidente de la Mesa Directiva del Senado, el petista Gerardo Fernández Noroña, dijo que el enojo viene porque a Monreal “se le dio una instrucción sobre el presupuesto, que no cumplió”.
En esas palabras se entiende el poder que tienen esos actores políticos. Monreal tuvo el coraje de desobedecer una “instrucción” sobre el presupuesto, nada más y nada menos, y cuando Adán Augusto lo acusó de corrupción en su paso por el Senado en el sexenio pasado, Monreal le respondió con un oficio de todos los diputados respaldándolo. A ese nivel pelean esos contrincantes.
Y ahí aparece la otra pata de historia. ¿Para Sheinbaum es “algo menor” un posible caso de corrupción por más de 150 millones de pesos en el Senado de la República? Si es así, ya nada se entiende. Por eso la referencia a lo desafortunado de la frase de la Presidenta.
Un dato nada menor, además, es que la respuesta no fue en el ámbito de una mañanera (seguramente el lunes, ya preparada, dirá algo más trascendente sobre el tema) sino en una entrevista “banquetera”, en donde debió improvisar.
Lo que eso demuestra es desconcierto ante esa pelea interna. Y no es para menos. El somero análisis de la situación que se ha hecho en este espacio demuestra la enorme trascendencia política e institucional del tema: están en juego los engranajes y bases políticas del proyecto, y la bandera de la anticorrupción. Casi nada.
Y en el fondo una pregunta sin respuesta tajante: ¿Qué pasa si dos pesos pesados de ese nivel deciden enfrentarse a todo o nada? Pronóstico reservado.
Hay otros pleitos que podrían aderezar ese escenario. La durísima acusación del gobernador de Tabasco contra Adan Augusto, que lo vincula con el crimen organizado; las variadas acusaciones que hay contra la mano derecha de Monreal, Pedro Haces, y que decir de la precaria situación política de varios gobernadores a los que la propia Presidenta ya les tuvo que pedir públicamente que al menos participen de las reuniones de seguridad.
MORENA y la 4T son un caos contenido.
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IMÁGENES Y DESTINOS
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El espectáculo que ha brindado en los últimos meses el Congreso de la Unión no es el mejor para la imagen de la 4T, pero hasta cierto punto convence aún la idea de que las reformas constitucionales bien valen tragar algunos sapos, como se dice en política.
Pero hay ciertos límites que se están cruzando sin rubor. Sabina Berman se refirió este domingo en su columna de El Universal al desparpajo de Noroña y Adán Augusto al tomarse una foto y asumir como uno de los suyos a Yunes, el senador que les dio el voto que faltaba para la Reforma Judicial.
Yunes es todo lo que el lopezobradorismo señaló durante años como lo peor de la política. No es exagerado decir, incluso, que es una de esas figuras fundacionales, por oposición, al proyecto de la 4T. La 4T es todo lo que no es Yunes. O al menos lo era.
Pagarle su voto para una reforma de gran calado puede ser un “sapo” de la política. Pero asumirlo como uno de los propios a ese nivel de compañerismo, es un descaro, una incongruencia y un error. Pero un ícono de la izquierda como Noroña lo abraza y lo protege. Insólito.
¿En serio en MORENA creen que nunca la gente les va a reprochar eso? Sí, eso es lo que piensan. Esta columna puede asegurar que los llamados sectores” pragmáticos” del Gobierno y el partido, en todos sus ámbitos y niveles, piensan que así es es. Que MORENA y la 4T no van a pagar ningún costo político ni mucho menos electoral, hagan lo que hagan. No sería exagerado decir que ese es hoy el postulado número uno del Movimiento.
El problema es que quienes empiezan a pensar distinto son los morenistas puros, de base, o convencidos, como los quieran llamar. Ese grupo ya no piensa igual, y es un hecho público y notorio que las críticas internas empiezan a subir de tono en todo el País.
Y ahí está otra opción de rompimiento que quizá sea aún más fuerte que la que puede haber en las cúpulas. Una guerra entre los morenistas reales y el progresismo político contra los arribistas de la derecha camuflados de 4T, es aún más impredecible que las de las cúpulas.
En el vértice del poder morenista, sin embargo, desdeñan esa potencial batalla; no tienen en gran estima la capacidad de reacción de las bases. De hecho, hay quien dice que “las bases son los programas sociales”, y mientras éstos estén vigentes, MORENA siempre va a ganar.
Un dato que alguien debería tomar en cuenta. Los gobiernos progresistas de Brasil y Argentina de principios de siglo implementaron programas sociales que eran quizá más vastos que los que actualmente tiene la 4T. Y sin embargo duraron sólo 12 años en el poder, y luego fueron reemplazados por alguna forma de la derecha o la ultraderecha.
En el medio de ese proceso, también hubo un momento en que se creyeron invencibles. Como MORENA y la 4T hoy.
Es sólo un dato para que todos entiendan que no se está reescribiendo la historia ni este es un movimiento fundacional de la política. Todo ha sucedido ya, y volverá a suceder. Pero en MORENA hoy a nadie le interesa la historia; todos creen que la están escribiendo por primera vez.
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REFORMAS Y MÁS ALLÁ
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