Hugo Martoccia – Mesa Chica
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En las últimas semanas se ha notado, sobre todo en el mundo digital (que es el que rige en la información) un fuerte crecimiento de notas o denuncias en contra de Mara Lezama o su Gobierno. Si bien gran parte de esa información podría calificarse como fake news, o exageraciones incomprobables, en el mejor de los casos, lo cierto es que algunas denuncias bordean temas corales de la administración y la política, como la obra pública, o repiten una y otra vez los mismos nombres, lo que tarde o temprano puede convertirse en un problema.
Para los usos y costumbres de la política quintanarroense, esta situación no sería anormal para un gobernador que estuviera en la recta final de su gestión. Pero en este caso se trata de un proceso que se ha adelantado demasiado. La gobernadora va apenas en la mitad de su mandato, y ya está sometida a los rigores de una guerra sin reglas ni límites.
En algún sentido, quizá no es más que es una reedición de lo que la hoy gobernadora sufrió siendo alcaldesa de Benito Juárez. Pero no es lo mismo. Desde que llegó al Gobierno del estado, Mara ha sido prácticamente intocable para los medios y para la política. Desde la época de Roberto Borge (y antes de eso, sólo con el PRI todopoderoso) no ha habido un Gobierno menos criticado, e incluso más alabado (con o sin razón) que el de Mara.
Se repite, ese comportamiento se ha dado tanto por los medios de comunicación como por los políticos, aliados y opositores. Mara ha transitado dos años y medio por una paz política que en algún punto parecía sobrenatural o ficticia.
Quizá por ello llama tanto la atención que en los últimos días el nombre de la gobernadora esté involucrado en temas graves de seguridad, denuncias sobre obras públicas, o la campaña que ha emprendido Aguakan (más sólida, en todo sentido) principalmente desde Reforma y algunos otros medios aliados, que tienen otro nivel de cobertura y profundidad. Y de riesgo.
Claramente, en toda esa información habrá mucho de mentira o especulación, pero la trascendencia de esas campañas está en que tengan algo de verdad, un tanto de probabilidad, y luego todo lo demás lo hace la viralización y la conexión y constancia de los nombres y los hechos.
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DATOS REITERADOS
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Un ejemplo. Días atrás, un grupo de empresarios muy poderosos del país, en una reunión, expresaron quejas sobre la gestión estatal que tienen que ver con algunas de esas notas que circulan, y que repiten los mismos nombres y las mismas prácticas que allí se han dado a conocer. El resultado de eso es que aquellas campañas que se tildaron de falsas, empiezan a hacerse más creíbles.
O la versión de que funcionarios del gobierno presionan al Ieqroo y al Teqroo para que los automóviles que requieren para las elecciones extraordinarias se renten en una empresa que ellos les “proponen”. ¿Es cierto? Para el gran público es casi imposible saberlo. Pero empieza a ser un problema cuando esos mismos nombres aparecen en otras notas vinculadas a obras públicas, por ejemplo. Es todo el mismo proceso.
En el entorno de la gobernadora dicen que se trata simplemente de una campaña negra, y con escaso o nulo impacto social. Puede ser. Pero también es cierto que es poco lo que se opone a esa estrategia que viene del otro lado. Las alianzas mediáticas de Mara son extremadamente costosas y poco productivas. Sirven para multiplicar información, pero raramente han logrado instalar agenda.
La gobernadora normalmente responde a lo que dicen desde afuera y nada más. Si nadie la involucra en un tema polémico, ella nunca se mete o lo genera por sí misma, y eso la aleja del debate en las redes sociales. Cuando hay un debate en ese mundo virtual, es porque la están atacando y sólo le queda reaccionar.
Aquí varias veces se dijo que, a pesar de no estar de acuerdo con esa visión de la comunicación, había que reconocer que había estado acompañada de éxitos constantes. Pero quizá las cosas empiezan a cambiar.
Si esto continúa como en estas últimas semanas, a la larga habrá que tener una estrategia de generación de agenda, y otra de contención de daños, mucho más efectivas de las que hay hoy. O, de otro modo, acostumbrarse a las críticas, algo con lo que, como ya se ha dicho, no ha convivido bien el marismo estos últimos dos años y medio.
El ejemplo debería ser la 4T nacional, que se enfrenta a campañas opositoras feroces, y casi nunca pierde esas batallas. Pero para eso hay que tener no sólo la espalda de las buenas encuestas, sino la tolerancia a la lucha cuerpo a cuerpo y en el lodo.
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TODO TIENE QUE VER CON EL 27
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