Los claroscuros de Carlos Joaquín; de la “continuidad” al “destierro”

Los claroscuros de Carlos Joaquín; de la “continuidad” al “destierro”
Hugo Martoccia – Mesa Chica 

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Las últimas semanas políticas del gobernador Carlos Joaquín han sido dispares. Por un lado, su salida del gobierno es una de las más tersas de las que se tenga memoria. Su inminente incorporación al Gobierno Federal le garantiza, al menos por algún tiempo, un pasar tranquilo y sin sobresaltos. Por otro lado, sin embargo, las expectativas de su equipo (y de él mismo) sobre alguna forma de continuidad política, han disminuido considerablemente. 
Ya es un hecho que Mara Lezama sólo le dará continuidad en su gobierno al Secretario de Turismo Bernardo Cueto. No habrá otro funcionario de la actual administración en la primera línea del poder. Algunos nombres repetirán en la segunda línea, o tendrán espacios en asesorías específicas. Pero eso siempre sucede; la clase política quintanarroense no es tan amplía para renovarse por completo en cada administración.
El tema central, de todos modos, es la influencia política que el neojoaquinismo y sus operadores pudieran tener en el futuro. Y esa influencia será menor o nula. Para que se entienda: el neojoaquinismo como tal no perdurará políticamente; algunos actores específicos podrían quedar cerca de Mara, pero su valor será particular. 
Todo esto se había ido descubriendo poco a pocos en las últimas semanas, pero quedó de manifiesto de manera muy clara cuando el presidente Andrés Manuel López Obrador anunció que Carlos Joaquín sería Embajador en Canadá. 
Esas palabras fueron como un balde de agua fría que congeló todas las expectativas de continuidad del neojoaquinismo.
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EL FRÍO INVIERNO 

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Hay que poner las cosas en blanco sobre negro. Una Embajada, y mucho más la de Canadá, que es un socio comercial fundamental de México, nunca será un espacio menor. En ese sentido, el “currículum” político de Carlos Joaquín se fortalece, y, por decirlo de alguna manera, lo mantiene en el juego. 
El problema es de expectativas. Las Embajadas y Consulados son un impasse, en el mejor de los casos, o una congeladora de políticos. En ese sentido, Carlos Joaquín quería un destino diferente al de los otros gobernadores que perdieron sus estados a manos de MORENA. Todos están en embajadas o consulados, disfrutando casi de un retiro de lujo, pero aislados y expulsados de sus partidos; sin relevancia política. El gobernador de Quintana Roo soñaba otro destino. 
Su propio entorno había operado política y mediáticamente a favor de la continuidad del proyecto político. Las versiones de que Carlos Joaquín podría desembarcar en la Secretaría de Turismo Federal, en Fonatur o hasta la Secretaría de Infraestructura, Comunicaciones, y Transporte, surgieron de ese equipo. El hermetismo y cierta ambigüedad desde el Gobierno Federal contribuyeron a instalar la duda. 
Incluso, hubo una operación mediática muy fuerte que empezó el lunes 11 de julio, en aquel recordado viaje a España entre Mara y Carlos Joaquín. Mientras la gobernadora se reunía con empresarios pensando que habían hecho un viaje de trabajo para hablar de turismo y Gobierno, la prensa del gobernador, en Quintana Roo, instalaba la idea de la continuidad. 
Ese era el objetivo, y Mara lo detectó. Había una feroz estrategia para instalar la idea que Carlos Joaquín no estaría muy lejos de la Casa de Gobierno de Chetumal cuando dejara el cargo de gobernador. 
En este mismo espacio se había dicho: la posibilidad de que Carlos Joaquín ocupara un puesto federal de trascendencia en el Gabinete, era un error político que parecía impropio de alguien con el estilo de ejercicio del poder de López Obrador, que sabe que el poder se ejerce y no se comparte. Condenaba a Mara a convivir con la idea de un cogobierno con alguien que, además, se va del poder con una mala percepción y una muy baja consideración social. 
El Presidente no cometió ese error.

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DESTINO VERDE 

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Aquella estrategia de continuidad incluía que una de las principales espadas políticas del gobernador, la diputada Yohanet Torres, se apuntara para presidir el bloque de diputados verde ecologistas y con ello la Junta de Gobierno y Coordinación Política del Congreso. Además, quería la poderosa Comisión de Hacienda.
Pero otra vez privó la lógica política y no consiguió nada de eso. Si presidía el Congreso, era una afrenta para Mara; si presidía la Comisión de Hacienda, era una afrenta para la sociedad. Todos habían detectado eso menos el neojoaquinismo, que la impulsó hasta último momento. 
Al final, no logró ninguno de los cinco espacios de la Comisión de Hacienda, porque le hicieron entender que si lo hacía, debería excusarse de cada tema que tuviera que ver con el Gobierno de Carlos Joaquín (Cuentas Públicas, por ejemplo) donde fue titular de Sefiplan, porque habría un evidente conflicto de intereses. 
Sin embargo, la presencia o no de Yohanet en esa Comisión no cambia nada. ¿Tendrá algún problema Carlos Joaquín en sus inconsistentes Cuentas Públicas? No, definitivamente. El Verde lo ve como un aliado propio y de la 4T, y es muy posible que allí termine después de 2024.
Días atrás, Mara Lezama escuchó precisas palabras desde el gobierno federal en el sentido de que el gobernador ha sido un aliado del Presidente, y que no quieren problemas. Así será. Al menos, mientras AMLO esté en el poder y no estalle algún escándalo incontenible del actual sexenio estatal. Carlos Joaquín tiene protección, pero nadie se va a inmolar por él. 
Así termina su sexenio. Poco más se puede decir.
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BERVE CALIFICACIÓN FINAL 

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La postura de los diputados de las fracciones de la 4T en su VI Informe de Gobierno, demuestran que el gobernador puede irse tranquilo. Las diputados no podían criticarlo, pero tuvieron que hacer malabares lingüísticos para poder señalar algo positivo de su gobierno. Al final, coincidieron en ponerlo en el lugar histórico de una “transición” entre lo viejo y lo nuevo.
No es mucho para un proyecto que planteó cambiar la política del estado. Pero es lo único que podían decir sin tener que empezar a hacer preguntas incómodas sobre un gobierno que se va con más penas que glorias. 
La Opinión ya ha realizado precisas y documentadas semblanzas sobre el gobierno de Carlos Joaquín, y, la realidad, es que sale reprobado en las principales promesas que hizo: no hubo “cambio” político ni de gestión, endeudó al estado (había prometido no hacerlo), la situación financiera que deja es muy compleja, la inseguridad se desbordó como nunca en la historia, y la corrupción sigue igual que siempre. 
Nada de eso es discutible; está ahí, es la realidad sostenida por datos oficiales. 
El sexenio de Carlos Joaquín se acaba formalmente en una semana, y quizá lo que vimos en el Congreso en su último Informe, con el PAN atacándolo porque considera que los traicionó, y la 4T cubriendo su administración con un piadoso manto de silencio, sea la mejor forma de explicar ese gobierno. Quedó mal con unos y es apenas aceptado a regañadientes por los otros. 
Pero nadie lo dice con todas las letras. Y ahí puede estar su mérito. Quizá Carlos Joaquín tenga la suerte de que la historia le reserve el lugar del gobernador al que no se le dijo nada, ni bueno ni malo. 
No está mal. Pero sus expectativas y las de la sociedad era muy diferentes a las de ese muy modesto lugar en la historia del estado.
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(fotografía Alfredo Maya)