Mara y el riesgo de un nuevo Juan de la Luz | Los tres candidatos

Mara y el riesgo de un nuevo Juan de la Luz | Los tres candidatos
Hugo Martoccia – Mesa Chica 

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Una extendida preocupación ha cruzado estos días a toda la clase política de Quintana Roo. La idea de que pudiera haber en el próximo gobierno de Mara Lezama “un nuevo Juan de Luz”, en referencia, por supuesto, a Enríquez Kanfachi, el Monje Negro de Carlos Joaquín. 
La preocupación tiene sustento. Alrededor de Mara, hay nombres que comienzan a cobrar una relevancia distinta a la de los demás. Personas que están en el centro de todas las decisiones de la gobernadora electa, que hablan y operan a nombre de ella, o que tienen claros favoritismos a la hora de las decisiones  
Hasta ahora hay tres nombres que podrían cumplir, de una u otra forma, ese papel. Uno es Cuitláhuac Bardán, un asesor poderosísimo en el primer círculo de Mara; otro es el magistrado del Tribunal Superior de Justicia, Carlos Lima, y el tercero es, por supuesto, Jorge Emilio González Martínez, el Niño Verde.     
Pero hay que poner las cosas en su lugar. Nadie dice que estos tres personajes no sean efectivos para Mara, o que no lo haya sido, de alguna manera, Juan de la Luz para Carlos Joaquín. Pero lo que se quiere evitar es que exista otra vez un poder alterno al del Poder Ejecutivo, porque eso no es natural.

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EL MONJE NEGRO DE CJ 

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Desde que llegó a la gubernatura, Carlos Joaquín se encargó de dejar en claro que su mano derecha, casi su alter ego, sería Juan de la Luz. A nadie le sorprendió esa decisión; siempre hay una persona de absoluta confianza para un político. Lo que sorprendió fue el curso que tomaron los acontecimientos. 
Juan de la Luz se convirtió casi en un primer ministro plenipotenciario, que podía tomar decisiones aun por sobre el propio mandatario estatal. Fue una suerte de aduana en la toma de decisiones, y luego fue más allá.
Allí donde Carlos Joaquín postergaba la toma de una decisión, aparecía Juan de la Luz . Allí donde Carlos Joaquín dudaba o demoraba (los deportes favoritos del gobernador) aparecía Juan de la Luz. Esas ausencias las ocupó Juan de la Luz; ocupó los lugares que Carlos Joaquín le permitió. Y así se generó un doble comando de poder entre el mandatario y el Grupo Tepito. 
Ese grupo tuvo también predilección por los negocios multimillonarios. Su mano apareció en aquella fallida empresa para recolectar el sargazo (que AMLO desarticuló) en el estrafalario negocio de la APP para el Puente Nichupté (que AMLO desarticuló) en la Ley de Asentamientos Humanos y los PMOTEDUS (que AMLO tiene controvertido ante la SCJN y va a desarticular) y hasta en la impresentable Ley Casitas.  
También fueron unos operadores electorales desastrosos, coautores de las cuatro derrotas consecutivas del gobernador. El último descalabro de su equipo (ya casi sin Juan de la Luz, alejado de ese entorno) fue la debacle política y electoral de Lili Campos en Solidaridad. Le vendieron a la panista que podía ser la líder de la oposición a MORENA, mientras le ofrecían a Mara sus asesorías en guerra sucia y campañas negras por un millón de pesos mensuales. 
Ahí están ahora, esperando que la gobernadora electa los rescate.  
Dos datos anecdóticos pero relevantes. En 2018, luego de la debacle electoral, Carlos Joaquín le ofreció a Cristina Torres la Secretaría de Gobierno, para intentar rescatar la gestión, que ya hacía agua por todos lados. 
Pero la condición que puso el gobernador fue innegociable: todo debía pasar por Juan de la Luz. Cristina no aceptó, y la historia es la que todos conocemos. 
Otro dato. Los Tepitos fueron quizá los más activos operadores contra Mara dentro del neojoaquinismo. Utilizaron sus medios de comunicación (que paradójicamente hoy están entre los principales aliados y protegidos financieramente por Mara) para atacarla una y otra vez. Toda la guerra sucia contra Mara partió de allí. Son los mismos que hoy le ofrecen sus servicios millonarios. 

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¿LOS MONJES NEGROS DE MARA?

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La clase política y empresarial del estado, y la sociedad, no quieren otro gobierno como el de Carlos Joaquín. Pero empiezan a aparecer algunos nubarrones en el horizonte. La posibilidad de un nuevo Monje Negro está latente. 
Las miradas se posan, por ejemplo, en Cuitláhuac Bardán. Con cargo impreciso en el organigrama de poder de Mara, ha sido sin embargo ineludible en la toma de todas las decisiones de los últimos tiempos. 
Fue el verdadero coordinador general de la campaña de Mara, y por él pasaron todas las decisiones que tenían relevancia. Ahora se encargará del proceso de entrega recepción del Gobierno estatal, y se dice que tiene todo el interés en mantenerse en el estado.  
El problema es qué cargo podría ocupar, porque es foráneo, con todo lo que eso significa en este momento. En ese sentido, tiene el mismo aura de poder impreciso e ilimitado que tenía Juan de la Luz. 
Fue parte del equipo de Marcelo Ebrard, y luego fungió como súper asesor del gobernador de Tamaulipas, Francisco Javier García Cabeza de Vaca (también coordinó su entrega-recepción). Su paso por aquella entidad es, al menos, polémico. Tiene vínculos también con los Scherer. 
Otro nombre que despunta es el de Carlos Lima, también de pasado polémico durante el borgismo. El magistrado ha sido el encargado de gran parte de la operación del 5 de junio. Por su manos pasó una estructura electoral que Mara decidió y financió, y que se extendió por todos los partidos.
Tuvo predilección por el Verde, pero también le dio votos al PT, al PRD y al PRI. Los vasos comunicantes entre todos los partidos, que tendrán mucho que ver en la toma de decisiones de aquí en adelante, pasaron por sus manos.
A cambio, Lima ya logró la reelección como magistrado por seis años, y quiere la presidencia del Tribunal Superior de Justicia, que seguramente deberá pelear con Heyden Cebada. Pero se sabe que su interés va más allá. En el Congreso, por ejemplo, ha operado varias veces a nombre de Mara, y ha realizado complejas operaciones electorales y políticas, que lo tienen situado en un buen lugar en la heterogénea escala de méritos del marismo. 
Un dato interesante sobre este caso. Es posible que se active en breve un fuerte ataque mediático a Lima desde los medios que aún paga Carlos Joaquín, porque un entorno del gobernador vinculado a los Tepitos no lo quiere ahí.  

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JORGE EMILIO 

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El tercer nombre de la lista es inevitable: Jorge Emilio González Martínez. Como ya se ha dicho, el líder del Verde Ecologista es un aliado fundamental de Mara, y tiene en mente un proyecto muy ambicioso que culminaría con la gubernatura en 2027 para su partido. 
Su sombra política es, quizá, la que más preocupa a todos. No hay ninguna señal de que pudiera romperse su relación con Mara, siempre y cuando se respeten sus espacios de poder. Y no es poco lo que pide. 
La duda es de qué lado quedará parado en esa delgada línea que hay entre los acuerdos políticos y el cogobierno. La verdad es que más allá de cualquier especulación, eso se sabrá recién cuando haya un Gabinete, y Mara tome las primeras decisiones de poder. O no las tome, y allí empiece la verdadera preocupación. 

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A MODO DE CONCLUSIÓN  

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Hasta ahora, Mara no parece querer compartir su liderazgo. Más bien todo lo contrario. Ejerce un control minucioso sobre cada cosa que pasa a su alrededor, y ha establecido un sistema de liderazgo diversificado y complejo, que acerca y aleja a sus componentes según sus intereses, sus necesidades, y hasta sus caprichos. Y todo eso es válido, porque es la gobernadora y líder del proyecto. 
Pero también, debe decirse, comparte algo de aquel estilo de gestión de Carlos Joaquín: eso de patear para adelante la resolución de algunos temas, y, en otros casos, esconder la mano sin tener que pagar el costo de haber tomado alguna decisión. Como si nadie supiera de donde vienen esas decisiones. 
Cualquier manual básico del ejercicio del poder diría que para dar un golpe de autoridad, Mara debería iniciar su gestión muy cerca del estilo 4T (que la gente fácilmente identifica con el liderazgo de AMLO) y lo más lejos posible del estilo anodino de Carlos Joaquín (que la gente repudió una y otra vez en las urnas). 
Pero no es tan fácil. El entramado de acuerdos políticos, electorales y hasta económicos que culminó en la victoria electoral de Mara Lezama, es tan complejo y diverso, toca tantos intereses cruzados, que podría paralizar la gestión y la toma de decisiones. 
Y, como ya se dijo, en esos espacios vacíos, suelen colarse los Monjes Negros.