Hugo Martoccia – Mesa Chica
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Hasta ahora parece más una apreciación que una certeza que se refleje en números o datos concretos, pero lo innegable es que diversos hechos ocurridos en las últimas semanas en México dan cuenta de que MORENA ya no parece aquella “marca” invencible a la que nada podía hacerle daño. Y eso se ve en el ámbito nacional y, por supuesto, tiene su correlato en Quintana Roo.
Crisis de seguridad con descubrimientos que han causado horror en la gente; los coletazos de las alianzas inconfesables; otros aliados que se rebelan; incapacidad de gestión, como en el abasto de medicamentos, que pasa por una crisis histórica, y una seguidilla de errores de todo tipo, han puesto a la 4T nacional, por primera vez en mucho tiempo, en el ojo del huracán político y mediático y con señales de salir derrotada de los debates que enfrenta.
Sin embargo, hay que poner cada cosa en su lugar. Que MORENA pueda mostrar sus primeros flancos débiles, no significa que alguien los esté capitalizando. Los números de las encuestas en todo México muestran al partido guinda con alrededor del 50% de imagen positiva, tres veces por encima de cualquier otro partido.
Pero también hay que tener una referencia clara de dónde se asienta esa imagen positiva. En el ámbito nacional, la presidenta Claudia Sheinbaum conserva altísimos niveles de aprobación. Pero esos números tienen mucho que ver con la base que otorga la figura casi mítica de AMLO para ese colectivo político, y con la épica de la soberanía contra el avance de Donald Trump que lleva adelante su gobierno. En otras áreas de la gestión o la imagen, las cosas no van igual de bien.
Y apostar a la soberanía es muy bueno, pero tiene sus límites. Si la economía le hace caso a la OCDE y cae un 1.3% este año, y otro tanto o más el año siguiente, la gente va a empezar a olvidar la épica soberana y comenzará a acordarse de que no tiene tortillas o carne en la mesa. It’s the economy, stupid, diría James Carville, el brillante estratega de Bill Clinton en la campaña presidencial de 1992.
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CRISIS DIVERSAS
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Si algo traspasó la dura piel de MORENA en las últimas semanas es el caso del rancho Izaguirre en Teuchitlán, Jalisco. Las imágenes, de un horror dantesco, recorren el país y calan hondo en la confianza social hacia el Estado y el Gobierno, minimizados en este caso ante la fuerza del crimen organizado.
MORENA y el Gobierno tardaron en entender y contener lo que estaba pasando. La Presidenta falló en los primeros días (ante el horror, con cierta lejanía, pidió esperar el resultado de las investigaciones, como si alguna vez eso hubiese resuelto algo en México) y ahora, ya en franca defensiva, dice que no habrá “construcción oscura de verdades históricas”, reconociendo, en el paralelismo de la frase, que este caso tiene todo para convertirse en el Ayotzinapa de su Gobierno.
Pero no es el único error de los últimos tiempos. Mientras el país se espanta por la violencia, la 4T blinda a uno de los suyos, el ex futbolista y gobernador Cuauhtémoc Blanco, y no permite su desafuero como diputado para ser juzgado por tentativa de violación contra una familiar.
Hasta un grupo de diputadas de MORENA se levantaron contra ese atropello, pero no hay vuelta atrás; la 4T es feminista cuando conviene, parece, con todo el riesgo que significa, hoy, agraviar esa causa y su gigantesco apoyo social.
Tampoco es sólo un problema de hombres. Esta semana causó escándalo en el centro del país la descomunal campaña electoral con caravanas de salud de la polémica senadora Andrea Chávez, que quiere ser gobernadora de Chihuahua. La campaña de la senadora, según dio a conocer la prensa, la paga un empresario amigo de su compañero de bancada y protector político, Adan Augusto López. El descaro en el uso de recursos (y otros descaros más personales) llamó la atención de propios y extraños.
Se suma a ese bloque de errores el caso de Biológicos y Reactivos de México (BIRMEX) un escándalo por sobreprecios en la compra de medicinas de, al menos, 13 mil millones de pesos, que pega en el corazón de la 4T; el desabasto de medicinas en hospitales ha sido uno de los grandes fracasos de la 4T desde 2018. Y no hay para cuando solucionarlo.
Más allá de esos casos puntuales, hay también escándalos políticos varios, algunos inexplicables, como el frustrado intento de reforma a la Ley del ISSSTE, que muestra lo alejado de la realidad que está el equipo de Sheinbaum en algunos temas. Los maestros, aliados de la 4T, salieron a las calles a mostrarle al Gobierno el límite de lo que puede hacer.
A ello hay que sumar otro estruendoso fracaso de Sheinbaum, como la reforma anti nepotismo (que es posiblemente inconstitucional, abarca muy pocos casos y ni siquiera se aplicó cuando ella quería) y los caos políticos y sociales que hay en estados como Sinaloa, Tabasco y Veracruz, por nombrar los más conflictivos.
Todos esos casos han tenido, y tienen, impactos mediáticos sólidos, como no había pasado quizá nunca desde que la 4T gobierna.
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QUINTANA ROO
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