Mara marca postura; el neojoaquinismo no estará en su administración

Mara marca postura; el neojoaquinismo no estará en su administración
Hugo Martoccia – Mesa Chica 
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Mara Lezama habla en un ámbito privado, relajada y tranquila. Va a contestar, con calculado desdén, algunos interrogantes que le han hecho en los últimos días. Ha escuchado las versiones de que el neojoaquinismo anuncia públicamente que ya encontró refugio en su gobierno. Sonríe. Y dice una frase contundente y sin dobleces: “No es verdad”. 
La lista de funcionarios de la actual administración estatal que se dicen “amigos” de Mara y que se consideran parte de su equipo futuro, crece por horas. La candidata de MORENA desdeña esa versión sin prestarle demasiada atención.  
No es ella la que debe explicar esas versiones, porque no es el momento y no le corresponde. Las explicaciones las deben dar, en todo caso, quienes se autopostulan, dice. ¿Es cierto que hay gente ligada a Carlos Joaquín cercana a Mara en este momento? Sí, lo es. Pero según la candidata eso tiene fecha de caducidad, como muchos de los acuerdos de campaña. 
Le explica a su entorno que la situación es muy simple: hoy, está concentrada en la campaña y en ganar contundentemente el 5 de junio. Eso es lo mas importante. No tiene sentido hablar del gabinete. Pero esas breves palabras de Mara, sin embargo, suponen toda una definición. 
La candidata da a entender que tiene claro su escenario: sabe hasta dónde llegan sus alianzas y hasta dónde no. El gobernador Carlos Joaquín es un aliado extra 4T, pero parece que esa alianza empieza y termina en él, y quizá en algún otro nombre más. Pero no incluye a un bloque de gente. 
Un hombre del morenismo nacional lo explica con palabras sencillas. “Una de las ideas de sumar gobernadores de otros partidos al proyecto de la 4T es desactivarlos electoral y políticamente. Eso de ninguna manera incluye posiciones para la gente de esos gobernadores”. 
En ese ámbito dan casi por sentado que en algún momento entre el 5 de junio y el 25 de septiembre Carlos Joaquín podría aceptar algún cargo en el Gobierno de Andrés Manuel López Obrador. En el entorno del gobernador apuestan a que no sucederá antes de que concluya su mandato. 
De cualquier modo, no sería mas que un retiro “decoroso” de la actividad política para Carlos Joaquín. No habrá neojoaquinismo más allá de los meses inminentes. 
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NOMBRES Y DESTINOS 
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Mara prefiere guardar silencio tras alguna mueca cuando le mencionan las incursiones del neojoaquinismo en la 4T. Nombres como los de la ex titular de Sefiplan, Yohanet Torres, o el ex alcalde de Tulum, Víctor Mas, hacen ruido. 
La candidata no dice mucho del tema, pero deja en claro que ninguno de esos nombres está en MORENA. “Quieren sumar, y el Verde y el PT les dieron espacio”, dice, escueta, marcando una prudente distancia del tema. ¿Buscarán impunidad? Hace una mueca que evidencia que ese no es su problema sino el de ellos. 
Nadie supone que Mara no está al tanto, y, de alguna manera, de acuerdo con esas incorporaciones. Pero sólo cumplirá las promesas que ella haya hecho, no otras. 
Ese dato no es menor. Hay un sinfín de actores políticos haciendo acuerdos a su nombre, por todos lados. Algunos acuerdos son ciertos y tiene bases; otros, lo son, pero han cruzado algunas líneas y empiezan a mostrar más el afán y la ambición de quienes los hacen que los intereses políticos de Mara. Otros son abiertamente falsos. 
Mara no se preocupa, pero cree que hay quienes están apurados haciendo negociaciones que luego se pueden deshacer. Dice que nadie va a condicionar su gobierno por apurar acuerdos innecesarios o por intereses personales. Ella tomará decisiones cuando las deba tomar, y no será la que deberá dar explicaciones cuando no suceda lo que esperaban que suceda. Eso incluye cargos públicos, espacios políticos, y hasta dinero. 
En ese sentido, Mara dice, casi enigmática: “Los que piensen que llegaré a hacer lo mismo que se ha hecho siempre, se van a llevar una sorpresa”. 
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“SÍ, AMIGO” Y “PALOMITA AZUL” 
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A veces el ejercicio del poder queda expuesto en hechos aparentemente fútiles. 
Al inicio del sexenio de Carlos Joaquín, muchos funcionarios y actores políticos se quejaban porque le mandaban un mensaje de Whatsapp al gobernador para preguntar algo o buscar alguna instrucción, y el mensaje quedaba en “palomita azul” (o sea, leído) pero no había respuesta.
A la larga, ese dato anecdótico que implicaba ausencia y apatía, fue toda una forma de acción y conducción política; si es que ambos términos no son exagerados para la forma en que se ha hecho política en este sexenio. 
Con Mara, el término clave es: “Sí, amigo/a”. Casi todas las decisiones políticas, aún las más intrascendentes, terminan pasando tarde o temprano por su propia voz. Y a casi todos termina convenciendo con su carisma y su trato, porque todos se sienten cercanos y con acceso a su mundo. 
Hasta para el entorno más íntimo de Mara es difícil descifrarla, saber hasta dónde dice algo para enviar un mensaje o lo hace sólo para conformar al interlocutor. Pero ya todos saben en el mundo político que esa última parte es su mayor virtud: hacerles creer a todos que son importantes y únicos. No es un mérito menor para alguien que tiene que conducir a gente tan diversa y con intereses tan diversos. 
Eso hace aún más evidente la otra cara de Mara; cuando quiere hacerle sentir a alguien la frialdad y la distancia. Sus largos silencios y lejanías son una de sus formas de decir que algo no está bien. Puede ser un enojo profundo, una incomodidad pasajera por algo mal resuelto, o, quizá, la peor pesadilla de la política: que la futura gobernadora haya dejado de considerarte. 
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DE LEGADOS Y ASPIRACIONES 
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Lo más trascendente es que en medio de la campaña, que parece absorber todo lo importante, Mara empieza a dar algunas señales de lo que vendrá para el estado si finalmente es elegida gobernadora el 5 de junio. 
Más allá de virtudes o defectos, que siempre serán parte de una visión personal, lo cierto es que se avecina una nueva forma de entender y hacer la política. Aún hay claroscuros, ambigüedades innecesarias, y dudas profundas y muy razonables. Pero empiezan a asomar, poco a poco, algunas señales concretas, y el estilo de conducción de Mara Lezama. 
Una señal importante. Le preguntan: “¿Cuál es tu valoración del Gobierno de Carlos Joaquín?. Responde: “Es un gobierno en el que se perdió el acercamiento a los más desprotegidos; hoy, ese gobierno se ve lejano”. 
Y tiene aún algo más para decir: “No me corresponde juzgar, porque juzgará la historia, pero sí puedo decir los errores que yo no cometería”.
La lectura es acertada y genera esperanzas de cara al futuro.
Ojalá que el destino le tenga reservado a Quintana Roo algo mejor que los últimos dos sexenios, los de Roberto Borge y Carlos Joaquín, que quedarán seguramente en los libros de Historia delineados por unas pocas palabras: apatía, frivolidad, y corrupción.